La conexión a internet en los 90 (para quien se niegue a recordar) era anunciada por un ruido chillante en el teléfono y se cortaba con cada llamada de la tía que tanto marcaba a la casa. Vamos, no es que nos desconectaba de una actividad importante: chateábamos por horas y bajábamos videos en días –o semanas– mientras descubríamos en colectividad, qué hacer con el internet.

Y es que comprenderlo nos tomó una generación completa. Nos tenían fascinados los escándalos legales de Napster y las cadenas de mails con hechizos que prometían cumplirse si los viralizábamos. El internet nos presentó una inmediatez que nadie había vivido y que decidimos no soltar. Mensajes que llegan al otro lado del mundo en segundos, llamadas de larga distancia gratuitas y buscadores con bases de datos gigantes fueron solo el principio de este noséqué que prometía revolucionar al mundo.

photo-1463680942456-e4230dbeaec7
Tardamos una generación completa en descifrar los caminos que podíamos emprender con el internet.

Bastó una década para potencializar al internet y estructurarlo en la herramienta que conocemos ahora. Las redes sociales evidenciaron cuántas conexiones se pueden crear y con ellas, los intercambios crecieron exponencialmente. Fue entonces que empezamos a colaborar a través de internet. Distintas dinámicas económicas surgieron en la red y en pocos años se posicionaron como industrias millonarias; el comercio electrónico y la tecnología financiera abrieron caminos a iniciativas de colaboración experimentales que derivaron en más industrias multimillonarias como el crowdfunding o fondeo colectivo.

Antes, si una causa o un proyecto necesitaba un millón de pesos, su financiamiento resultaba excepcionalmente difícil, pues había que pedírselo a un grupo selecto de individuos u organizaciones, pero el crowdfunding permitió que todos nos convirtamos en facilitadores de recursos: no necesitamos tener un millón de pesos para donarlo, sino juntar a un millón de personas que donen un peso.

Hoy, tenemos el alcance y la tecnología para soportar estas transacciones y estimulamos así los proyectos que, en la fórmula del pasado hubieran tenido que sucumbir por falta de capital.

El crowdfunding ha comprobado su eficiencia para el financiamiento de ideas, proyectos y empresas; nuestro plan es aplicarlo al fondeo de proyectos de investigación tecnológica, científica, periodística y en humanidades.

¿Para qué queremos investigación?

La investigación detecta los problemas de una sociedad y propone métodos para resolverlos eficientemente. Los países que invierten poco en investigación generalmente muestran niveles bajos en desarrollo; sus gobiernos y programas no estimulan la generación de conocimiento, pues reducen constantemente los presupuestos para esta causa. Pero nosotros, como individuos cuyo poder se potencializa a través de la unión, podemos incentivar nuestro propio avance.

Si en México, como en los demás países de medianos y bajos ingresos, transformamos nuestra rutina de “actuar sin investigación” y la convertimos en una cultura de “investigar para luego actuar”, podríamos dejar atrás el histórico y costoso proceso de tapar baches –literal y figuradamente– para llevar a cabo proyectos basados en decisiones informadas que nos impacten positivamente.

photo-1434626881859-194d67b2b86f
La toma de decisiones informadas y basadas en evidencia nos ayuda a ahorrar recursos.

Si ya no queremos tener reglamentos de tránsito que nos obliguen a contaminar más que antes, líneas de metro que tienen que reconstruirse por falta de planeación y tuberías hechas de materiales cancerígenos (todos estos son casos de la Ciudad de México), necesitamos propiciar nuestro propio desarrollo. Si queremos incentivar proyectos que respondan a nuestras necesidades reales, invirtamos en el potencial de nuestra gente, en el análisis y la experimentación de los fenómenos que nos atañen. Invirtamos en investigación.

Nuestra plataforma busca promover el desarrollo a partir de la generación de capital para investigación. De ella pueden derivar nuevos tratamientos médicos, mejores formas de producir energía limpia, patentes tecnológicas y leyes más inclusivas, entre muchos otros ejemplos.

Investigga apuesta en grande para que todos, colectivamente, podamos hacer aportaciones pequeñas e impulsemos cambios gigantes.

Bienvenido a la acción colectiva.

Suscríbete a nuestro newsletter para recibir más información.

Jaime Azrad
CEO Investigga