Incluso hoy, en un mundo que se ha ido transformando en una aldea global, la brecha económica que separa a los países de altos ingresos con los países de medianos y bajos ingresos (PMBI) sigue expandiéndose; aún existen inequidades trágicas que se acentúan al hablar de salud, educación y desarrollo (1, 2, 3) . Un claro ejemplo de esto, es que aproximadamente un tercio de las vidas humanas en el mundo terminan prematuramente por causas relacionadas a la pobreza (4).

311303_10150452895448974_132938734_nAños atrás nos dimos cuenta de la importancia de invertir nuestros esfuerzos como comunidad global en romper dichas desigualdades; diversas alternativas han sido propuestas, pero la investigación ha demostrado ser una de las herramientas más poderosas para sobrepasar dichos obstáculos y generar soluciones más efectivas. ¿Por qué? porque nos permite generar nuevo conocimiento para enfrentar problemas que aún no tienen respuesta, así como para aplicar soluciones que ya están a la mano en cualquier rincón del mundo y bajo diversas circunstancias. La investigación genera datos objetivos y sólidos para impulsar el desarrollo de políticas públicas basadas en evidencias; ya sea encontrar la cura para alguna enfermedad infecciosa, desarrollar software educativo para comunidades rurales, limpiar el agua que nutre a una ciudad o desarrollar tratamiento para personas afectadas por la violencia en zonas de narcotráfico… Empoderando a quienes necesitan alcanzar más con menos y permitiéndonos tener una mejor administración de recursos (5).

Sin embargo, este poderoso instrumento no recibe la importancia que merece en la mayoría de los PMBI. Todavía, la mayor parte del conocimiento es generado por estudios que se llevan a cabo en países de altos ingresos, así como el desarrollo de intervenciones sustentadas empíricamente que suelen resultar inaplicables a las regiones menos desarrolladas del mundo. Un ejemplo de esto es “la brecha 10/90” que, de acuerdo a algunos estudiosos del tema, muestra que el 90% de los recursos para la investigación biomédica, se destinan al estudio de los problemas que afectan al 10% de la población mundial. Asimismo, sólo el 10% de los recursos buscan resolver los problemas que afectan al 90% de la población mundial (6).

A pesar de que estos números requieren un análisis más complejo y han sido discutidos por diversos autores, es una realidad que una gran parte de los investigadores y académicos de países como el nuestro no reciben los recursos que necesitan para estudiar y buscar soluciones a las problemáticas locales, las cuales podrían mejorar la salud, educación y calidad de vida de millones de personas. Las tendencias son claras: cada vez existen más reducciones a los presupuestos nacionales destinados a ciencia y tecnología; la mayoría de los egresados de doctorado en nuestro país no consigue empleo en su campo ni puede desarrollar investigación, por lo que la fuga de cerebros (principalmente a los Estados Unidos) es cada vez mayor. Esto puede explicarse fácilmente si consideramos que mientras dicho país destina 405 mil millones de dólares al año a la investigación (2.7% PIB), México destina solamente 6.4 mil millones de dólares a esta tarea (0.4% PIB), de acuerdo a la UNESCO (7).

Sin embargo, en un mundo de cambio acelerado, en donde la tecnología ha abierto tantas posibilidades de interacción y transformación, sentimos la responsabilidad de encontrar nuevas formas para enfrentar estos problemas estructurales y no conformarnos con la realidad de nuestro contexto. Así nació Investigga, la primera plataforma de fondeo colectivo en Latinoamérica que busca horizontalizar estos procesos y hacerlos más transparentes, accesibles y democráticos.  Abrir un espacio para quienes creemos que al estudiar las problemáticas que nos aquejan, podremos generar un impacto real y duradero en nuestras comunidades, construyendo juntos un futuro más justo para todos.  

¡Bienvenidos!

Linda Bucay
Directora de Investigación

 


Referencias
1. Marchand, S., Wikler, D., & Landesman, B. (1998). Class, health, and justice. Milbank Quarterly, 76(3), 449-467
2. Whitehead, M. (1992). “The concepts and principles of equity and health.” International Journal of Health Services 22.3, 429-445.
3. World Health Organization. (2013). Handbook on health inequality monitoring with a special focus on low-and middle-income countries. World Health Organization.
4. Pogge, T. W. (2005). Human Rights and Global Health: a Research Program. Metaphilosophy, 36(1-2), 182-209.
5. Commission on Health Research for Development. (1990). Health research: Essential Link to Equity in Development. Oxford University Press.
6. Bustamante, B. J. P., Mojica, M. C., Díaz, R. G., Pascuas, J. H. E., & Idárraga, J. (2014). Bioética y la brecha 10/90: fallos, desafíos y oportunidades Bioethics and the 10/90 Gap: Failures, Challenges and Opportunities. Revista Redbioética/UNESCO, 81.
7. UNESCO. (2010). UNESCO science report 2010: The current status of science around the world. UNESCO Publishing.